Acostumbrados a oír hablar de grandes ciudades
estadounidenses como Nueva York, Boston, Los Ángeles o San Francisco, a veces
uno tiende a olvidarse de Chicago, una joya escondida a orillas del lago
Michigan. Chicago es una mezcla apasionante de arquitectura, cultura y
diversión.
El curioso origen del nombre de esta ciudad viene de los
indios Potawatomis, que la bautizaron como “She-caw-gu”, que literalmente
significa “cebolla salvaje”, una planta que crecía en abundancia por la zona y
que se caracterizaba por un marcado mal olor.
Pero sin duda,
Chicago ha sabido sustituir ese desagradable olor por el de los tulipanes, que
colorean las principales avenidas de la ciudad. Con el lago –que parece como el
mar–, los distintos parques salpicados por la ciudad, el campus de los museos y
los carriles bici, Chicago resulta una ciudad agradable para el peatón y el
amante de la vida al aire libre. Su buen sistema de transporte también invita a
poder recorrerse la ciudad de cabo a rabo sin necesidad de coche, algo a lo que
no nos tienen muy acostumbrados las ciudades americanas.
Una de las atracciones turísticas más famosas de Chicago es
el “loop”, que podría considerarse como la zona delimitada al N y al O por el
río Chicago, el E por el Lago Michigan y al S por la Roosevelt Road. El loop
recibe su nombre por el recorrido que realiza el tranvía elevado, que hace un
bucle conectando sus estaciones con las del sistema de metro. Desde nuestro
blog de viajes recomendamos recorrer tanto el loop como la Magnificient Mile
tranquilamente a pie, disfrutando del ambiente de una de las zonas comerciales
y de negocios más importantes de los Estados Unidos. Eso sí, al pasear cerca
del tranvía elevado uno comprobará que el ambiente es bastante ruidoso y
posiblemente preferirá pasear por las calles adyacentes.
Pero sin duda, una de las formas más sorprendentes de
disfrutar de la magistral arquitectura de Chicago es haciéndolo desde el agua.
En el Navy Pier hay numerosas agencias que por un precio muy asequible ofrecen
un paseo en barco por el río. Además, el guía ameniza la visita con un sinfín
de anécdotas, curiosidades y datos interesantes acerca de todos y cada uno de
los edificios emblemáticos. Nunca olvidaré cómo al girar por cada curva del río
nos sorprendíamos con nuevos edificios que surgían como de la nada… una
experiencia muy recomendable.
Resulta también imprescindible visitar Millennium Park y su
archiconocida “Cloud Gate”, más conocida como “The Bean”, posiblemente el monumento
más impresionante de cuantos he visto en mi vida. Esta judía de acero
inoxidable no deja indiferente a nadie. Sin querer proporcionar más detalles,
lo único que puedo recomendar es ir a visitarla cámara en mano y dispuestos a
sorprenderse con sus infinitos reflejos.
Los museos de Chicago merecen una mención especial. El Field
Museum (Museo de Historia Natural) es uno de los más reputados del mundo en su
ámbito. Uno puede conocer allí a Sue, el Tyrannosaurus Rex mejor conservado y
más grande del mundo. El Museo de Ciencia e Industria y el Planetario también
nos dejaron fascinados. El planetario, el acuario y el Field Museum están
localizados en la misma área, denominada “Museum Campus”, un sitio agradable
para pasear y disfrutar de buenas vistas de los rascacielos de Chicago.
Es obligatorio también subir a dos de los edificios más
altos de la ciudad: la torre Willis (antiguamente conocidas como torre Sears),
de 442 metros y 108 plantas es el rascacielos más alto de Chicago y ha sido el
edificio más alto del mundo desde su construcción hasta 1998. Es posible subir
a la planta 103 y contemplar una panorámica espectacular de la ciudad. Su suelo
de cristal también permite una impresionante visualización directamente hacia
abajo. La torre John Hancock no es tan
alta (344m y 100 plantas), pero su localización permite disfrutar de otras
vistas tan o más espectaculares que las anteriores. Recomendamos subir a la
Signature Room (en la planta 96) para disfrutar de una bebida contemplando el
atardecer y observando como la ciudad se llena de luces.
Otra de las visitas obligadas en Chicago es el distrito de
Oak Park, lugar de nacimiento de Frank Lloyd Wright, uno de los arquitectos más
relevantes del s. XX, y autor de obras tan importantes como el Museo Guggenheim
de Nueva York. En Oak Park se pueden visitar diversas casas diseñadas por él y
es una excursión muy agradable. Oak Park es fácilmente accesible desde el
centro de Chicago por metro.
Finalmente, mencionar que la oferta en cuento a
entretenimiento también es elevada. Si uno es aficionado al deporte, está de
enhorabuena en Chicago. Por precios relativamente asequibles podrá ir a ver en
directo a los Chicago Bulls (baloncesto), a los Bears (fútbol americano), a los
Blackhawcks (hockey sobre hielo) a los Cubs o a los White Sox (baseball) o a
los Fire (fútbol). Dependiendo de la época del año, podrán encontrarse activos
algunos de los deportes. Esta oferta de ocio se puede complementar con un gran
abanico de teatros, musicales y otro tipo de espectáculos.






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